NEW YORK. Seamos honestos. Muchos que ahora se apuran en cerrarle las puertas del Salón de la Fama a Sammy Sosa, aplaudían hasta el delirio los batazos del dominicano, aún cuando desde hace mucho se sospechaba que usaba sustancias prohibidas.
Sosa, Manny Ramírez, Roger Clemens, Barry Bonds, Rafael Palmeiro, Mark McGwire y Alex Rodríguez, entre otros, merecen un lugar en Cooperstown. Estas son mis razones.
Los arriba mencionados son apenas unos pocos de toda una generación de peloteros en la que el consumo de esteroides para mejorar el rendimiento deportivo era común. Ahora mismo existe una lista de 104 jugadores que dieron positivo a un control antidopaje realizado en el 2003, pero apostaría cualquier cosa a que la cantidad de peloteros que han usado esteroides para mejorar su rendimiento en los últimos 20 años no se limita a esa cantidad.
Fueron muchos los que presuntamente utilizaron los esteroides, pero no fueron todos los que pusieron cifras memorables.
Los fármacos ayudan, pero no determinan. Si no hay talento, de nada valen los químicos. Sosa, McGwire, Bonds, Manny y compañía fueron bendecidos con unas aptitudes especiales para este deporte y habrían sido estrellas con o sin esteroides.
Como no lo fueron decenas de jugadores que usaron las drogas y siguieron sumidos en la mediocridad, sencillamente, porque les faltó el talento.
Uno de los nombres que más se mencionan en los rumores es el del boricua Iván Rodríguez. Supongamos que sea cierto. ¿Son los esteroides lo que le han dado a Pudge sus habilidades defensivas? ¿Es por el presunto dopaje que Rodríguez puede ser considerado el mejor cátcher de todos los tiempos? No lo creo.
Revelen la lista completa y veremos que la mayoría de los allí incluidos son peloteros del montón. Pueden apostarlo. Cerrarle las puertas de Cooperstown a estas estrellas es un acto de hipocresía. El origen del problema está en los exagerados salarios que los dueños empezaron a pagar, muchas veces por jugadores que no valían ni un tercio de lo que ganaban.
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